Recuerdo que hace un par de años, 6 para ser mas exacta, comenzó el gran reto, y digo el reto porque fue hasta entonces cuando agarre agallas y decidí darle fin a lo que desde mis escasos 9 años me atormentaba, comencé por odiar lo que me hacia daño, volver lo que no me servia, porque la comida solo es un plus, solo es eso que varia tus emociones, porque comemos para sentirnos bien, pero luego? los remordimientos, la culpabilidad y tristeza y todo lo que prosigue, eso no es a lo que yo me refiero cuando hablo de FELICIDAD.
Recuerdo que era una chica insegura, como cualquiera, la aburrida, la intelectual, envidiaba a las "populares" las típicas niñas bonitas, delgadas, tez clara, altas, las perfectas. Ser como ellas era mi meta en ese entonces, me propuse que un día, tal vez muy lejano, dejaría de ser la equis del salón, me admirarían los chicos del cole y que todos aquellos que algún día me hicieron sentir una mierda, destrozaron mi dignidad y pisotearon mi autoestima, ellos, me admirarían. También me propuse ser el maniquí, si, aquel maniquí al que todas las tallas le ajustan.
Y así kilo tras kilo, pena tras pena, se fueron yendo, mis tardes las dedicaba a pensar, pensar, que iba a hacer cuando fuera perfecta, contaba mis calorías, y de vez en cuando lloraba, mis días eran para disfrutar la soledad, y concentrarme en lo que en realidad me interesaba, mis estudios, me aleje de lo que me hacia mal, pues pensaba que, aquellos fulanos solo querían meter en mi cuerpo cosas que me hacían daño, y no iban permitirme encontrar la perfección. Sola iba a encontrar el tesoro y al parecer sentía que ellos también querían el oro.
Al principio vi el cambio, con esfuerzo, ejercicio, llegue a la meta, un poco mas no me harían nada mal, pensaba, y una nueva meta me fijaba y así meta tras meta fui superando, hasta no darme cuenta de lo que había logrado, viento me llevaba y hasta la hipotermia en verano me empezó a hacer daño. La cama, mi asiento y las abdominales no las disfrutaba, dormía rezando y amanecía llorando, mis rodillas se volvieron mis enemigas, me dolía dormir, sentarme, hacer ejercicio, y hasta caminar, toda la felicidad se volvió dolor, lloraba con mas frecuencia, quizá la muerte era mi siguiente meta.
Y de pronto mi secreto salio a la luz, ni los miles de suéteres encima ni la falsa sonrisa pudieron ocultar y todo se vino a bajo, mis papas preocupados, recuerdo que lloraron cuando la doctora les dijo que con la muerte me había topado, pues a una semana había estado. Recuerdo que los odie, llore y suplique a Dios, porque no me salvara, porque mi siguiente meta pudiera cumplir. Y así a mis 13 años con 35 kilos la felicidad descubrí. Después, hasta el día de hoy es un infierno, quiero volver a ser FELIZ, esa es mi próxima meta.


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